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¡A escaparrar!

Publicado el 28 de junio de 2017 por Leire Avatar del chiquiArtista

Edad del autor/a cuando hizo la obra (años): 13

Había una vez una peña que se hacía llamar: peña A Escaparrar. Estaba formada por un grupo de chicos muy extraños que hacían cosas muy raras como tirarse al agua sin ropa y gritar: ¡¡A ESCAPARRAR!!

Uno se llamaba Celedonio, se afeitaba la cabeza, era bajito y gordito, tenía los ojos verde oscuros y tenía 18 años. Leticia tenía el pelo corto, era rubia, tenía los ojos azules y también era mayor de edad, tenía 18. Había una chica a la cual llamaban “La princesa del Guisante” pero en realidad se llamaba Lidia y tenía el pelo largo teñido de verde, ojos marrones y también 18. Luis Candelas era Candelas porque tenía muchos mocos, era alto y gordo con pelo moreno y ojos negros, y como no, 18 años.

Todos iban a la misma clase. Y yo también. El año en el que todos teníamos 19, me incluyeron en el grupo. Yo soy Inés y tenía 18, tenía porque cuando ocurrió todo… Tenía 19. Soy bajita y delgada y tengo el pelo negro y los ojos azules. Y bueno… esta es una historia sobre nuestra “aventura” en un pueblo desconocido…

El primer día que llegamos de campamento a ese pueblo hacía mucho calor por lo que nos fuimos a la piscina. Cuando estábamos tranquilamente tomando el sol, llegaron una abuelas decrépitas que se sentaron cerca de nosotros. Nos preguntaron que qué edad teníamos y les dijimos que 19 (cosa que no era verdad) y no nos creyeron. Como estaban cansadas del calor, se tiraron al agua como unas croquetas. Todas se hicieron daño.

Llegaron sus hijos que eran de unos 40 años, y también sus nietos, los cuales se unieron a nuestra pandilla. Se llamaban Tomás, Felipe y Adriana. Decidieron jugar al UNO que había llevado yo. Lo pasamos muy bien y se unieron a nuestra acampada. Ese día hicimos juegos y lo pasamos genial.

Por la noche hacía frío, así que encendimos un fuego y nos sentamos en torno a él para hablar. Estuvimos pensando que sería “guay” tener un pueblo propio, así que al día siguiente iríamos a hablar con el alcalde. Y nos fuimos a dormir.

Fuimos a la mañana siguiente a ver al alcalde y no nos dejó cambiar el nombre del pueblo. A Tomás “se le fue la olla” y le regaló al alcalde un viaje a Brasil sin billete de vuelta. Nadie lo supo y conseguimos ser todos alcaldes y alcaldesas y el pueblo se llamó A Escaparrar. Nos va muy bien.

FIN

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